lunes, 15 de julio de 2013

Entrevista a GREEN ESPAI




Comida recaudada en el concierto de Fent la Má




Durante los últimos tiempos estamos asistiendo a un desmoronamiento del bienestar de las personas con las que a diario convivimos, cuando no, con el de nosotros mismos. Es al llegar estos tiempos difíciles cuando más se hace patente la solidaridad de los vecinos, a veces, incluso ocupando el espacio vacío que dejan las administraciones con esos, tan desproporcionados, recortes presupuestarios.

De la mano de Cáritas se vienen paliando en la medida de sus posibilidades las carencias de muchas familias que ya nada tienen; y de igual manera, los servicios sociales de algunos ayuntamientos vienen llevando a cabo sus labores profesionales con respecto a la ayuda a sus vecinos más desfavorecidos.

Pero no siempre basta con estas actuaciones institucionales. En ocasiones somos nosotros mismos, —sin recurrir a la caridad de una iglesia tan generosa en su base como egoísta en sus más altas esferas; o a la de un ayuntamiento, a veces, igualmente desafortunado en cuanto el reparto de sus presupuestos— quienes estamos en guardia y acudimos sin reservas en ayuda de la necesidad.

Y en esa clase de solidaridad cercana es donde Green Espai se sumerge a través de la cultura.

Me enteré por una amiga de la existencia de esta asociación próxima a mi municipio, y hacia allí decidí dirigir mis pasos para que Fede, cabeza visible de la asociación, me pusiera al corriente de lo que es en realidad este espacio sociocultural.


Pregunta.— ¿Qué es Green Espai?

Respuesta.— En realidad aquí nos encontramos con dos unidades en cuanto a asociación, pero que se complementan una con otra. Una es la asociación cultural Viure dignament que es la que gestiona el espacio pero que a la vez mueve la labor social; y Green Espai es el espacio multidisciplinar donde se desarrollan las actividades. Es un espacio para toda aquella persona que lo solicita, por ejemplo, para celebrar un evento, realizar una exposición, etc. Se contacta con la asociación y se fijan las condiciones.

P.— ¿Quién la dirige?

R.—  En principio la asociación la forman: mi padre, Juan Luis; Carmen Navarro que es la presidenta además de mi madre; mi mujer y yo. Pero tenemos socios colaboradores que pagan una cuota de 5 euros al mes. Esa cuota les proporciona mejores precios en la barra, en entradas a las actuaciones, en los talleres y en aquellas actividades en las que desean participar.

P.— ¿Qué actividades podemos encontrar en Green Espai?

R.— Realizamos una amplia gama de actividades culturales. Nuestra pretensión es que, durante el primer año, Green Espai se sostenga a través de la cultura, y que lo recaudado por las cuotas de los socios vaya destinado íntegramente a la parte social de la asociación. Esa es nuestra idea y creo que va a ser más rápido de lo previsto porque está funcionando muy bien. Los conciertos que organizamos se llenan.
    Entre las actividades se pueden encontrar talleres de danza, de música, exposiciones…, todo lo que esté relacionado con la cultura. Basilowichs realizará una exposición en septiembre. En el terreno de lo social, hace poco más de un mes pusimos en marcha el “restaurante social”. Ofrecemos un menú económico al precio de 3´5 euros; incluye primer y segundo plato, ensalada postre y agua. Es comida casera y la gente está respondiendo muy bien. Desde que abrimos el restaurante empezamos a dar de comer gratuitamente a una familia; luego a dos personas más. Ahora están viniendo siete.

P.— ¿Seleccionáis de alguna manera a los comensales a los que ofrecéis estos menús gratuitos? ¿Os preocupa que algún espabilado se aproveche de vuestra solidaridad en detrimento de otro más necesitado

R.— No, porque esto es un comedor social de cercanía. Conocemos a la gente que viene. Lo que en realidad pretendemos, es unirnos a los servicios sociales del ayuntamiento, pero todas estas cosas van despacio. Hasta que no te conocen bien y han visto el trabajo que realizas no se plantean ayudarte. Nosotros estamos elaborando diferentes proyectos con el asesoramiento de una asistenta social y a la vez técnico. Proyectos para el restaurante social y para los talleres, para que se puedan gestionar tanto en subvenciones como por la vía de un aval por parte del ayuntamiento que nos permita realizar las compras en Consum , Mercadona, etc.
     De momento, la tarea más importante es poder dar de comer a un bajo precio, pero además, procurar una comida diaria a aquellas personas que tienen que desplazarse para poder acceder al comedor social situado en Sagunto y que les supone un gasto diario de 3 euros.

P.— ¿Con qué recursos habéis contado para poder poner en marcha la asociación?

R.— Únicamente con inversión familiar. Teníamos un bar donde trabajaban mis padres hasta que mi madre, por problemas de salud, tuvo que dejarlo. Ha sido funcionaria social durante muchos años y conoce lo que la gente necesita. Entonces se le ocurrió que podíamos ver qué carencias tiene El Puerto y vimos que en Sagunto hay comedor social, pero aquí no, y a la gente le cuesta un desembolso económico tener que ir hasta allí para comer. Es un desembolso que no todos los que verdaderamente necesitan ir al comedor pueden hacer. Así que decidimos que sería bueno que hubiera uno aquí. En estos momentos estamos poniendo en marcha un proyecto para los chiquillos que por el cierre de los colegios en verano ya no pueden optar al comedor escolar.

P.—Por lo que vemos, lo que hacéis aquí es por vocación social. ¿Cómo afrontáis el pago del alquiler?

R.—Religiosamente todos los meses. Hasta ahora estamos invirtiendo dinero, y la previsión es que hasta dentro de dos o tres meses va a seguir siendo así.

P.— ¿Y después?

R.— Todos los beneficios que se obtengan, tanto los provenientes de las cuotas de los socios como los de aquí del bar, son beneficios destinados a la labor social. Hay que tener en cuenta que todos tenemos nuestro trabajo; yo, por ejemplo, tengo mi escuela de batuca con cincuenta y ocho alumnos, y esa es mi fuente de ingresos; mi novia tiene su trabajo; así que el único cuyo trabajo sería remunerado, en su momento, es mi padre porque él es el que está todo el día en el bar y al cabo de tres meses pues se nota. Calculamos que para dentro de seis meses la asociación se podrá mantener por sí misma. Ahora llevamos dos. Es muy poquito tiempo y todo va despacio. Lo llevamos entre cuatro personas solamente pero, en realidad, somos mi padre y yo; él es quien lleva el bar.

P.—Siguiendo con el tema de los recursos, ¿cómo os las arregláis para poder ofrecer los menús al precio de 3´50 euros?

R.— Por ejemplo, esta tarde hay un evento, y se trata de un evento en el que en vez de pagar la entrada con dinero, se paga con comida. Si quieres asistir, el precio es una bolsa con comida por valor de 5 euros. Y esa comida se utiliza para el restaurante social. Al cabo del mes se hacen dos o tres eventos así. No se saca ni siquiera la mitad de lo que se gasta pero ayuda bastante. El pan nos lo proporciona gratis todos los días una panadería de El Puerto; intentamos que con la ayuda de todos se pueda llevar a cabo el comedor social. Además, el fin de semana suele producir un excedente de dinero y aunque hay que hacer frente a los gastos, sí que nos permite ir poco a poco realizando nuestra labor. Las comidas que servimos son en su mayoría comidas de caliente, las de casa de toda la vida, las de nuestras madres y abuelas, y como decían antes: “donde comen cuatro, comen cinco”. Otra cosa sería si nos dirigiéramos directamente a ofrecer chuletas de cordero o comidas de un mayor coste.
     Ocurre también que muchas de las personas que vienen al restaurante social y pagan los 3´50 euros del menú dejan algo más del importe, contribuyendo así a que otros puedan comer su menú gratuito.

P.— En el caso del concierto de Arcana ¿Se paga entrada normal?

R.— Sí. Ese concierto es previa adquisición de entrada normal. Pero, por solidaridad, el grupo nos cobra la mitad de su caché, y varios días después de celebrado el concierto, con el beneficio obtenido nos vamos con ellos a comprar utensilios de cocina y comida. Esta es otra forma de colaboración.

P.— ¿Tenéis gente que trabaja como voluntarios?

R.— Los camareros, la gente que va por ahí a poner los carteles… De momento somos todos voluntarios. Ten en cuenta que al tener una escuela grande, de mucha gente, pues siempre hay más facilidad para encontrar amigos con ganas de ayudar.

P.— ¿Cobran los profesionales que imparten los talleres?

R.— Algunos sí y otros no. La chica que imparte el taller de danza del vientre entrega la mitad de lo que cobra a la asociación. El monitor de defensa personal lo cede todo. Estas son clases que se imparten a mujeres que desean aprender a defenderse. Creo recordar que el precio es de 10 euros al mes y la persona que las imparte lo entrega todo a la asociación. Depende del profesor o monitor y del tipo de taller.

P.— ¿Qué pasos han de seguir las personas que estén interesadas en colaborar?

R.— Hacerse socio y pagar las cuotas mensuales es lo primero, porque esas aportaciones son imprescindibles para que podamos funcionar. Pero si alguien quiere, además, ayudar en los trabajos, entonces ha de inscribirse como voluntario. Tiene que estar todo bien especificado, con total acuerdo y firmado, porque luego nosotros tenemos que justificar legalmente la presencia de estas personas que colaboran de forma altruista. Esta colaboración ha de estar bien definida y asesorada por un abogado para que no surjan problemas legales.

P.— Has comentado que tienes tu propia escuela de batucada y que esa es tu fuente de ingresos, ¿realizáis también actuaciones?

R.— Exactamente. Tengo mis alumnos de batucada y realizamos actuaciones cuando se nos contrata en las fiestas de algunos pueblos y demás eventos. Pero, además, actuamos de forma solidaria cuando se nos requiere para alguna causa. Por ejemplo, esta noche vamos a un evento organizado por la Cruz Roja, en Valencia, en el colegio de Parálisis Cerebral. La semana pasada tuvimos uno en apoyo de Diego. Casi todas las semanas participamos en algún acto de este tipo.

P.— ¿Ayuda la difusión en las redes sociales?

R.— Sí. Aunque vamos poquito a poco, claro. La gente que viene se siente cómoda, como en casa. Mi madre tiene un lema y es: «A quien viene aquí lo primero un abrazo, y después ya, que haga lo que quiera, que tome lo que desee; pero, lo primero, un abrazo; que haya un ambiente familiar y contacto directo con la gente».


Efectivamente, a la hora de la verdad, siempre son los vecinos quienes primero ayudan a las personas necesitadas; los otros, los que verdaderamente tienen en sus manos la posibilidad de dar solución a los problemas o mitigarlos, se encuentran demasiado lejos. Y esa, precisamente, es la intención de Green Espai: «Ser los vecinos que ayuden, mediante eso que Fede denomina solidaridad cercana»


Fotografía del archivo de Green Espai.
(En facebook más información)

L. Estal.


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